×
MENÚ

Vallanca no ha dejado de cumplir su palabra…

La localidad inicia la cuenta atrás para disfrutar del XLIII Septenario de la Virgen de Santerón

19 de mayo de 2019|18:24
Tiempo de lectura: 3 minutos

Publicidad

Cada siete años, del 16 al 26 de septiembre se celebra el Septenario de la Bajada de la Virgen de Santerón a la Villa de Vallanca. Se baja a la Virgen a hombros, desde su ermita situada en término de Algarra (Cuenca) hasta la Villa de Vallanca. Durante los nueve días siguientes tienen lugar las llamadas Fiestas Gordas, en las que Vallanca se convierte en la capital espiritual y festiva de las tierras del Rincón de Ademuz.

El XLII septenario de la celebración mariana tuvo lugar entre el 16 y el 26 de septiembre de 2012 y el próximo, que será el XLIII, se celebrará el próximo mes de septiembre.

Elección de la Reina y sus Damas de Honor

Una cita para la que los vallanqueros, y especialmente su Cofradía, ha iniciado la cuenta, trabajando desde hace meses para que no falte detalle en un momento tan especial.

Reina y Damas de Honor en 1977

En este sentido, el Ayuntamiento de Vallanca ha invitado a todas las niñas y jóvenes empadronadas en la localidad (o con arraigo en el pueblo) a que participen de manera activa en la elección de la Reina y sus Damas de Honor.

Todas aquellas jóvenes interesadas pueden pasar a apuntarse en el Ayuntamiento, o en el teléfono 978782330, dando su nombre, edad, dirección y teléfono para ser localizadas.

Historia y Leyenda

“Se daba cuenta la circunstancia de que el lugar donde apareció la Virgen al valenciano de Vallanca era territorio de Algarra, localidad de Reino de Castilla. Este hecho, en lugar de suscitar una polémica entre los dos Reinos originó un singular hermanamiento espiritual. Vallanca y Algarra, -Valencia y Castilla- consideraron esta imagen como patrimonio común y a ella se aclamaron en cuantas calamidades padecieron.

Vallanca siempre consideró a la Virgen de Santerón como imagen propia, aunque respetando las devociones de los pueblos vecinos. De esta manera se inició la Romería primaveral que hermanaba a Valencia con Castilla, esta tradición que sigue viva casi 800 años después.

En el año 1524 se dio un hecho singular. Una gran sequía asoló estos terrenos. Castilla, Aragón y Valencia sufrieron un descanso inopinado de sus fuentes, y seguramente esta sequía azuzó los efectos de la epidemia más terrible de la edad Media: la Peste. El azote de la enfermedad golpeó con furia la comarca. Hombres y mujeres morían en sus casas, el luto y el llanto se extendían por doquier.

Desamparados ante estos males, sin auxilio humano que pudiera remediarlos, los hijos de Vallanca giraron sus ojos hacia el símbolo más limpio de toda salvación: la sagrada Virgen, madre de Dios.

El sentir general expresaba una misma opinión: aquel desastre sólo podría ser eliminado por la presencia física de la Santa Imagen. Por eso el consejo de la urbe llamó a todos sus vecinos y  con la cruz alzada y estandartes cristianos se pusieron en camino.

Acudieron a la ermita llenos de aflicción, poniendo en sus rogativas toda el alma.

La Virgen salió de la ermita arropada por la multitud. Todos la vitoreaban. Todos la ensalzaban. Todos lloraban. La bajaron por la sierra y ya en la iglesia Parroquial de Vallanca, la Virgen de Santerón recibió las oraciones de un novenario, con todas las esperanzas puestas en su benéfico poder.

Y el milagro se produjo. El terrible mal que diezmaba a la población desapareció como por encanto. La mortandad se atajó. Los ya contaminados del terrible dolor experimentaron una prodigiosa mejoría.

Todos acudieron a la iglesia a manifestar su agradecimiento a la Madre de las madres. Después de efectuado tan contundente milagro los habitantes de Vallanca devolvieron  la imagen a su ermita. Pero las cosas ya no podrían ser como antes.

Por votación popular absolutamente unánime acordaron que cada siete años, y hasta el fin de los tiempos, trasladarían a la Virgen en solemne procesión para dedicarle idéntico novenario. El pueblo vestiría sus mejores galas, engalanando sus calles con flores y tapices, colgando de sus ventanas los más bellos mantones y cubres de cama. La gratitud a la Virgen había de ser eterna.

Vallanca no ha dejado de cumplir su palabra”

Publicidad

Compartir esta noticia