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Hallan ejemplares del ‘Liquen de los Lobos’ en el Parque Natural de la Puebla de San Miguel

Se trata de varias poblaciones abundantes, las primeras detectadas en la Comunitat Valenciana, de un espécimen muy vulnerable en el continente europeo.

11 de enero de 2019|12:28
Tiempo de lectura: 3 minutos

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La dirección del Parque Natural del Turia ha hecho público esta semana un hallazgo de relevancia dentro del inventario botánico de este importante enclave natural ubicado en el Rincón de Ademuz. Se trata de la localización de un llamativo liquen Letharia Vulpina y conocido popularmente como el ‘Liquen de los Lobos’, un ejemplar muy vulnerable en España y que no había sido citado todavía en la Comunidad Valenciana, como informan en Más Turia. 

Se trata de un hallazgo en el marco del proyecto Life Bosques Maduros, cuyo estudio, capitaneado por Sela Huesca, con la colaboración de Simón Fos, y el equipo del Parque Naturla, han permitido el descubrimiento.

“Las poblaciones encontradas en el parque son abundantes y se encuentran en un buen estado de conservación”, explican desde la dirección, “Se trata de un ejemplar que no se suele encontrar en el este peninsular y que presentar un preocupante declive de sus poblaciones del norte y centro de Europa”

«El Liquen de los Lobos»

Probablemente oriundo de Norteamérica, donde ya era conocido por las tribus indígenas, la historia cuenta que la toxicidad de este liquen no pasó desapercibida para nuestros antepasados los bárbaros, quienes lo utilizaron para matar lobos y zorros. Probablemente en el pasado fuera un liquen bastante abundante sobre todo en el norte de Europa. Sin embargo, hoy está considerada como una especie muy rara, prácticamente en peligro, puesto que solo se localiza en áreas muy concretas y en muy poca cantidad, nada que ver con los troncos de las coníferas densamente cubiertos de liquen amarillo en el oeste americano.

Se trata de un bonito liquen fruticuloso de color amarillo citrino intenso, formado por numerosas lacinias más o menos aplanadas y angulosas, de hasta 12 cm. de longitud, ramificadas varias veces. El talo se fija al sustrato por un único punto. El color amarillo se debe al ácido vulpínico, la sustancia venenosa, un metabolito secundario sintetizado por el micobionte.

En Europa aparece citado en determinados puntos del cinturón boreal de bosques aciculifolios de Noruega y Suecia, en el noroeste de Eslovenia (Alpes Julianos), en zonas muy concretas de los Alpes (Suiza e Italia) y en Yozgat, en el centro de Turquía, siempre sobre troncos de viejas coníferas (Pinus cembra, Larix decidua…). Últimamente han aparecido nuevas localizaciones en el Cáucaso, en Chipre y en el norte de África.

Las primeras localizaciones de Letharia vulpina en España fueron detectadas en el Macizo del Teleno (León) y en la Sierra de Francia (Salamanca) donde, curiosamente, vive como saxícola sobre roca silícea en forma de minúsculos talos. Posteriormente fue localizado en Riaño (León), en el Bosque de Hormas, donde sólo aparece sobre grandes troncos muertos y aislados de roble. Yo tuve el privilegio de colaborar en los primeros inventarios realizados en estas tres localizaciones durante los años 1992 y 1993. Años más tarde, en el 2007, pude encontrarla escondida en determinados rincones de los bosques del Valle de Valdeón (Léon),  dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Recientemente ha sido localizada en puntos muy concretos de la Sierra de Javalambre (Teruel), en la Sierra del Tremedal (Guadalajara) y en Aigües Tortes (Lleida), siempre sobre Pinus sylvestris. También ha sido localizada en determinadas zonas de las Islas Canarias (Tenerife, Gran Canaria y La Palma) sobre Pinus canariensis.

En todas estas localizaciones aparece en muy poca cantidad, dos o tres talos más o menos aislados que no crecen por encima de los 3 ó 4 cm. de longitud (en América algunos talos alcanzan los 15 cm.). Claramente se trata de una especie muy vulnerable y susceptible de desaparecer tanto en España como en el resto de Europa.

Probablemente intenta colonizar nuevos ambientes pero sus limitaciones en cuanto a la dispersión y su dependencia a encontrar árboles grandes, viejos o muertos, más o menos aislados y bien iluminados, ponen freno a su recuperación.

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