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sábado, 17 de noviembre de 2018

La Virgen de la Asunción, siete siglos de devoción ligada a la historia de Teruel

La actual imagen mariana data de 1862 pero ya en el siglo XIII había una ermita de la Villa Vieja

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PUBLICADO: sábado, 18 de agosto de 2018

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La Hermandad de Nuestra Señora de la Villa Vieja y de la Sangre de Cristo es una institución religiosa con una carga histórica muy intensa y antigua. Gracias a la documentación conservada, podemos constatar que son más de siete siglos los que la contemplan. Hoy en día, continúa presente en la sociedad turolense, unida a ella con fuertes y fecundos lazos, como detallan en este reportaje José Manuel Abad y Óscar Lázaro, miembros de la hermandad.

Con ocasión de la festividad de su patrona, la Virgen de la Asunción, el 15 de agosto, iniciaremos un breve recorrido por aquellos lugares que guardan un especial vínculo con esta advocación mariana.

Los testimonios documentales afirman que, al menos desde la segunda mitad del siglo XIII, existió en el lugar donde hoy se puede ver el exconvento de Capuchinos de Teruel una ermita en la que se veneraba la imagen de Santa María de la Villa Vieja. La noticia es del año 1264, a propósito del cumplimiento del testamento de don Justo de Aguilar, racionero de la iglesia de Santa María, por el que ordena que parte de sus bienes vayan a la obra de la citada ermita.

El fecundo asociacionismo medieval no resultó ajeno a dicha advocación mariana, de manera que en una fecha no muy alejada de la anterior, 1312, contamos con la primera mención documental de la Compañía de Santa María de la Villa Vieja, cuyo objetivo principal consistía en promover el culto y veneración a la Santísima Virgen en el misterio de su Asunción (aunque se conozca como Virgen de la Villa Vieja, la advocación que representa es la Asunción de Nuestra Señora).

Evidentemente, el cuidado de la propia ermita y de las construcciones anejas –hospital, casa, huerto-, así como de los objetos destinados al culto también formaban parte de sus obligaciones. Todos estos aspectos y muchos otros quedaron perfectamente descritos en el primero de los textos que componen el corpus normativo de la Hermandad. Se trata de las Ordinaciones de 1475-1496.

Sin vinculación con el mundo gremial, esta cofradía amplió sus fines píos y caritativos consiguiendo de Fernando el Católico, en 1500, el privilegio de prestar asistencia a los reos ajusticiados puestos en capilla, practicar la caridad recogiendo sus cadáveres y, finalmente, darles cristiana sepultura.

El complejo de la Villa Vieja fue seriamente afectado durante la Guerra de Sucesión, de manera que fue reedificado en 1708 perdiendo, hemos de suponer, cualquier rasgo estilístico que hubiera podido conservar hasta la fecha mencionada.

Con el paso del tiempo, el devenir histórico de la cofradía se entrelaza con otras comunidades religiosas. Lo que sabemos es que entre 1544 y 1548, el Arzobispo de Zaragoza, Don Hernando de Aragón, movido, quizás, por la comunión de prácticas y fines que caracterizaba a monjes trinitarios y cofrades de Santa María, instituye a la cofradía en la iglesia del convento de la Santísima Trinidad. A pesar de todo, tal honor no anuló el tradicional vínculo de la cofradía con la ermita de la Villa Vieja, pues la documentación demuestra que continuó regentándola y celebrando en ella las reuniones y festividades que le eran propias.

Un aspecto que no aclara la documentación es si la imagen de la Virgen de la Villa Vieja o de la Asunción se trasladó también a la iglesia del convento trinitario (ubicado en el lugar donde hoy está la Biblioteca Pública en la plaza del Seminario). Conservar la imagen en su emplazamiento original, trasladarla para rendirle culto en su nueva ubicación o, incluso, compaginar ambas ubicaciones…cualquiera de las tres opciones resulta plausible. Sin embargo, aunque se trata de una hipótesis, da la sensación que la imagen pudo continuar en su emplazamiento original dado que una fuente documental posterior de 1739, alude a las procesiones y rogativas que se realizaban a la ermita de la Villa Vieja buscando la intercesión de Nuestra Señora. Además, otra fuente de 1777, indica que a las afueras de Teruel hay un santuario conocido como Santa María de Villa Vieja. Difícilmente un santuario se sostiene sin su imagen titular presente en su interior.

Sea como sea, la cofradía había conocido su segundo emplazamiento en el tiempo.

El complejo conventual trinitario sufrió con virulencia los embates de los enfrentamientos contra los franceses durante la Guerra de Independencia. Como consecuencia, monjes y cofrades de la Villa Vieja, deberán ingeniárselas para conseguir un nuevo emplazamiento donde poder desarrollar sus piadosas actividades. Es en este punto cuando tiene lugar una curiosa carambola “inmobiliaria”.

La cofradía era la propietaria de la ermita de San Bernardo (hoy desaparecida, fue edificada en el número 37 de la calle Amantes); los monjes trinitarios necesitaban imperosamente un lugar para llevar a cabo sus celebraciones litúrgicas. Resultado: dada la sintonía entre ambas instituciones, la cofradía cedió en 1819 la ermita para que los monjes pudieran desarrollar sus oficios litúrgicos de forma digna.

Al mismo tiempo y también como consecuencia de la Guerra de Independencia, otra comunidad de religiosos, los capuchinos, fueron testigos de la ruina de su convento. Fue el obispo don Felipe Montoya Díez quien les cedió el complejo de la Villa Vieja para su uso y disfrute. Cosa que hicieron en 1816 hasta el momento de su exclaustración en 1835.

¿Qué sucedió entonces con los cofrades de la Villa Vieja? Generosos con los trinitarios, obedientes ante los mandatos episcopales…¿dónde encontraron acomodo?

La documentación advierte de la intensa relación de la cofradía con el Hospital de la Asunción desde el siglo XVIII (en la actual plaza San Juan). Pues bien, será en este establecimiento hospitalario donde los hermanos encuentren cobijo en este momento de zozobra. Y no solo ellos, claro. La imagen titular también fue entronizada ni más ni menos que en la urna del altar mayor de la iglesia del Hospital. Todo ello debió tener lugar entre 1815 y 1819.

Esta imagen, al menos desde 1862, es la que hoy podemos admirar en la iglesia de San Andrés (la talla o tallas anteriores lamentablemente han desaparecido).

Una vez más, siguiendo el compás que han ido marcado los conflictos bélicos que ha sufrido Teruel, la cofradía encontrará tras la Guerra Civil el que hasta la fecha es su hogar: la iglesia de San Andrés.

Milagrosamente intactos bajo los escombros del Hospital de la Asunción, tanto la imagen de la Virgen de la Asunción como la del Ecce Homo, serán temporalmente acogidos en el convento de las Carmelitas hasta que en 1948 sean definitivamente entronizados en el altar de San Francisco de Paula de esa parroquia turolense. Desde 2016 tienen una nueva compañera: la Virgen de los Dolores.

Sepan ustedes que si se acercan a la urna que ocupa la Virgen de la Asunción o de la Villa Vieja, estarán contemplando más de siete siglos de historia. La talla es del siglo XIX, pero la advocación forma parte de los cimientos sobre los que fue fundado Teruel. Es raíz viva y fuerte de la ciudad. Una y otra son inseparables.

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