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martes, 25 de septiembre de 2018

Las excavaciones en el poblado ibero de Oliete confirman una actividad alfarera importante

Los indicios hallados tras excavar un enorme horno apuntan a una fabricación duradera de piezas cerámicas.

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PUBLICADO: martes, 14 de agosto de 2018

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Las excavaciones arqueológicas que ha financiado en las últimas semanas el Parque Cultural del río Martín y el Ayuntamiento de Oliete en el poblado ibérico de San Pedro de Oliete han permitido llegar a los niveles de ocupación originales de este poblado que fue ocupado desde el siglo III al I antes de Cristo y que se sospecha llegó a tener una actividad alfarera importante.

Y precisamente ahí radica la excepcionalidad del yacimiento, que ya es único en Aragón por las dimensiones de su torre defensiva de 14 metros de altura. Las excavaciones han destapado la estructura de un gran horno y concluido que podría haber más, lo que evidenciaría una producción alfarera permanente en un yacimiento que, por su torre defensiva, se creía que tuvo una función eminentemente defensiva frente a los invasores cartagineses y romanos del momento.

En el caso de San Pedro de Oliete, la peculiaridad está en que se compaginan función defensiva y producción alfarera, lo que “no suele ser en absoluto habitual”, afirmó Jaime Vicente, director del Museo de Teruel y uno de los tres arqueólogos – junto a Beatriz Ezquerra y Sara Azuara- que han dirigido las excavaciones. Según Vicente, aunque hay otros centros alfareros ibéricos importante en la provincia -como pueden ser los hornos de El Olmo y Mas de Moreno en Foz Calanda- “la novedad en Oliete es que se trata de una instalación que estaría asociada a una fortificación y ambas coexisten, si bien los hornos serían la evolución natural de un poblamiento con fortificación que se había creado 200 años antes”.

El horno tiene que excavarse en profundidad, y la tarea quedará “para la siguiente campaña”. La información obtenida de las catas realizadas en la instalación es “incipiente”, según apuntó Vicente. El horno fue localizado al realizar una de las catas de esta campaña. Los restos cerámicos que se observaban en superficie hacían sospechar que existía algún tipo de instalación. Y así fue. “Tiene unas grandes dimensiones, unos ocho metros de diámetro”, detalló el arqueólogo.

Se ha excavado una pequeña parte, así que para la siguiente campaña “faltarán por localizar las cámaras de alimentación y combustión”. Lo que sí han apreciado los arqueólogos es su estado de conservación, que es bueno.

Las prospecciones han permitido a los investigadores localizar el testar (el lugar en donde se echaban las piezas de cerámica que no servían) y “del análisis inicial, se ha comprobado que en este horno se fabricaban tinajas y también vajillas de tamaño menor y con distintas formas, lo que indicaría que no estaban especializados en grandes envases si no en materiales para el uso en los poblados”, apuntó Vicente.

Las excavaciones, que se han realizado entre julio y agosto, tenían el objetivo de realizar una prospección intensiva del yacimiento para detectar estructuras y zonas de interés a partir de las cuáles se pudieran plantear nuevas excavaciones. Finalmente, además del horno y del suelo original del yacimiento han sido localizadas alineaciones de muros y estructuras circulares “que se tendrán que comprobar en el futuro”, señaló el arqueólogo.

Durante esta campaña se han hecho cinco catas, la mayoría en el exterior y una en el recinto interior. “Queríamos conocer la estratigrafía de la parte habitada en el núcleo urbano”, relató el director del Museo de Teruel. Con estos trabajos se localizó “parte de una vivienda” y las cinco fases de ocupación del yacimiento. La primigenia está sobre la roca natural. El descubrimiento constataría que “aunque todo el yacimiento pertenece a cultura ibérica, hay una serie de etapas del siglo II al I antes de Cristo que se reflejan en modificaciones en los suelos. Esta circunstancia se da al menos en esta vivienda, pero, según Vicente, “previsiblemente ocurrirá en todo el núcleo habitado”. En esta cata de dos metros localizaron en uno de los momentos finales de la ocupación “poyos o bancos para apoyar tinajas, además del apoyo de piedra trabajada que sirve para apoyar postes de madera de sujeción de la techumbre”. En este mismo suelo se realizó una cata más pequeña en la que se pudo comprobar que el suelo inicial de ocupación era de roca natural. La localización de todos los niveles de ocupación, dijo Vicente, “nos ha sorprendido, si bien ya intuíamos que este poblado tenía una ocupación prolongada y que podría rondar el siglo II antes de Cristo, pero haberlo podido constatar ha sido interesante. Aparte está el hallazgo del gran horno, que pudo detectarse gracias a que aparecieron restos cerámicos muy calcinados que evidenciaban que existió una actividad industrial importante”.

Ésta ha sido la segunda campaña de excavación en el yacimiento de San Pedro. La primera tuvo lugar en 1981, momento en el que se constató el nivel ibérico de ocupación. En 1983 se realizó otra actuación, pero consistente en la retirada de piedras que habían caído y que impedían ver la fortificación. En ese momento se limpió el poblado y se dejó visible la muralla. Finalmente, en 1987-1998 se consolidó la torre A, la más alta, y fueron sustituidos los elementos de barro por un mortero de cal.

Tras esta segunda excavación, Vicente consideró que “hay que seguir excavando y profundizar en esa actividad alfarera y alguna más de tipo metalúrgico, puesto que también hemos visto que hay restos de este tipo”. Y finalmente, la investigación tendrá que avanzar en el conocimiento de la estructura urbana del asentamiento, aunque “está muy erosionado en el interior por las cantidades de piedra que han caído de las fortificaciones”. Por otra parte, “debemos seguir desescombrando un foso interior para dejar al descubierto parte de las estructuras”. Hay que tener en cuenta que este año se han retirado toneladas de tierra mediante medios mecánicos.

Para Vicente, San Pedro es “un recurso de nuestro patrimonio que puede ayudar a desarrollar el territorio”. Que la siguiente campaña se desarrolle dependerá de la financiación. En la que acaba de terminar, los 18.000 euros que han costado las excavaciones y el proyecto han sido financiados por el Parque Cultural del río Martín y el Ayuntamiento de Oliete.

El Parque Cultural también financió el año pasado el plan director para la recuperación del yacimiento, que fue redactado por la arqueóloga Sara Azuara. El documento ha ordenado las actuaciones de los primeros años, proponiendo la realización de catas y el conocimiento de las estructuras, para seguir con la señalización, instalación de avisos e implantación de medidas de seguridad. Vicente abogó por plantear una “excavación más extensa, con la consolidación de las estructuras defensivas, pero para ello habrá que redactar proyecto de conservación y ejecutar lo que ese plan establezca”.

Fortificación única

El yacimiento de San Pedro en Oliete es de una importancia “máxima”, según el arqueólogo y director del Museo de Teruel, Jaime Vicente. Está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y  la finca hace tiempo que fue adquirida por el Gobierno de Aragón. “Yacimientos ibéricos hay muchos, y la ibérica es una de las culturas más extendidas en nuestro territorio y la más estudiada por los arqueólogos, pero San Pedro es importante por las fortificaciones y por su núcleo muy fortificado, Las defensas que tiene el yacimiento indican que las construyeron no para hacer frente a una tribu igual, sino a un ejército helénico que usaba piezas de artillería”. En este sentido, el análisis de las fortificaciones es interesante, porque “la muralla tiene cuatro metros de espesor con un camino de ronda y una altura de 14 metros”, además de dos lineas de muralla. Asimismo, la torre principal “no tiene esquinas de ángulo vivo, sino que éstos son redondeados, pensados para resistir mejor el ataque de las catapultas, y eso significa que se prepararon para defenderse de alguien que atacaba con elementos de artillería, y ése sólo puede ser un ejércitos helenístico que está en la península, que en ese momento, en torno al siglo III antes de Cristo, eran Cartago y Roma.

Así las cosas, el yacimiento ibérico de San Pedro de Oliete, en opinión del arqueólogo, “es uno de los más espectaculares de este tipo que tenemos en Aragón y de los que mejor conservan fortificación en cultura ibérica”. Pese a todo, la magnitud del poblamiento no es de grandes dimensiones. Tiene solamente alrededor de 5.000 metros cuadrados.

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