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Los mayores de la residencia de Cedrillas hacen memoria para preparar el matacerdo

La elaboración del embutido es un motivo de celebración y supone una terapia tanto a nivel motriz como cognitivo.

9 de abril de 2018|13:04
Tiempo de lectura: 2 minutos
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Los ancianos que viven en la Residencia de Mayores de Cedrillas realizaron hace unos días el matacerdo, una actividad típica del invierno en el medio rural hasta hace muy poco tiempo y que les sirvió para desempolvar de la memoria su niñez y adolescencia. Muchos de ellos se pusieron el delantal para amasar las longanizas, los chorizos y las morcillas, que luego embutieron y, una vez oreados, consumieron, informan desde Diario de Teruel.

Los productos elaborados les supieron a gloria, como reconoce Tomás Plumed, que siempre ayudaba a su madre a hacer la matanza en Torremocha del Jiloca y hace unos días colaboró como el que más a la hora de embutir. Se ocupó principalmente de las morcillas en las que, como explicó, “no hay que apretar mucho el arroz porque luego hay que cocerlas y siempre se hinchan un poco, si no revientan”.

Recordar un motivo de fiesta

Una de las impulsoras de la idea es la terapeuta ocupacional de la residencia, Eva Anglés, comentó que lo hacen todos los años porque probaron hace algunos inviernos y gustó muchísimo entre los internos. “Es una manera de recordar tradicionales de antaño que eran motivo de fiesta porque se juntaban con la familia y amigos”, dice.

Ahora la actividad sirve para hacer memoria de cómo elaboraban cada uno de los productos y también para practicar la psicomotricidad a la hora de procesar los alimentos. También es importante para trabajar la sensibilidad al tocar diferentes texturas y “les va muy bien a nivel motriz y cognitivo porque recuerdan lo que le echaban y en qué momento” del proceso, argumentó Anglés.

Los responsables de la residencia les echan una mano, pero ellos “cuentan cómo lo realizaban en sus casa, qué le añadían, en qué cantidades y en qué momento, porque en cada familia se hacía de una manera”, dice la terapeuta.

Desde la residencia, gestionada por las fundaciones Ramón Rey Ardid, Fermín Alegre y Térvalis, organizan varias actividades para dinamizar el día a día de los mayores, aunque sus responsables reconocen que la elaboración de la matanza es una de las que más éxito tiene. “Han participado muchos de forma activa y otros han estando acompañando y cantando jotas”, reconoció Eva Anglés.

La carne llega a la residencia ya pesada y picada, pero son los ancianos los encargados de procesarla y añadirle las especias para convertirla en embutido. La mayor parte de los 72 internos (entre los que hay tanto válidos como asistidos) proceden de Cedrillas y otras localidades cercanas, como Mora de Rubielos, Alcalá de la Selva o Formiche, entre otros.

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