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sábado, 17 de noviembre de 2018

Quince años formando a universitarios en la Fundación Dinópolis durante los veranos

Una fundación con mucho recorrido y carisma en toda la provincia de Teruel.

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PUBLICADO: sábado, 18 de agosto de 2018

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La Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis lleva ya quince años ayudando a formar a universitarios durante los meses de verano gracias a las prácticas que realizan en sus instalaciones como si fueran un paleontólogo más del equipo. El interés de las universidades y de los alumnos por adquirir experiencia en este centro de investigación va en aumento y este verano son cinco alumnos los que están participando en el programa, el número más alto de todos los que ha acogido hasta ahora, informan en su reportaje de hoy El Diario de Teruel.

El coordinador de este programa en la Fundación Dinópolis, el paleontólogo Eduardo Espílez, asegura que no es lo habitual acoger a tantos alumnos en prácticas, sino que lo normal en principio es atender un par de solicitudes. El verano pasado ya se acogieron a tres y este verano el número se ha elevado a cinco.

Espílez comenta que desde la Fundación han hecho un esfuerzo este año para atender más peticiones de lo normal, ya que en el caso de la Universidad de Zaragoza había tres estudiantes de Geología que lo solicitaron. Además, ha hecho también sus prácticas un estudiante de la Universidad Complutense de Madrid, también del grado de Geología, y por primera vez un alumno de la Universidad Autónoma de Madrid que cursa Biología.

Desde que en el año 2004 puso en marcha este programa la Fundación Dinópolis, han pasado por sus instalaciones 35 estudiantes, algunos de los cuales se vincularon posteriormente a la institución científica turolense al realizar allí sus doctorados una vez que acabaron los estudios.

Universidades

Más de la mitad de los alumnos que han participado en el programa durante estos quince años procedían de universidades valencianas por su cercanía, aunque este año no ha habido ninguno. En anteriores ediciones, la Fundación acogió a un total de 17 estudiantes de Biología de la Universidad de Valencia y a otros tres de Bellas Artes de la Politécnica de Valencia.

Del grado de Geología de la Universidad Autónoma de Barcelona también han pasado por este programa en años anteriores cuatrp alumnos, mientra que de los mismos estudios en la Universidad de Zaragoza lo han hecho cinco estudiantes, tres de ellos este verano.

Procedentes del grado de Geología de la Universidad Complutense de Madrid han hecho prácticas en la Fundación cuatro estudiantes, el último de ellos este año. En convocatorias anteriores hubo también un alumno de Biología de la Universidad de Vigo, y este verano se ha sumado la Universidad Autónoma de Madrid con otro estudiante del grado de Biología.

En total, son siete las universidades que han participado hasta ahora en este programa, para cuyo desarrollo se firma un convenio con la Fundación, que acoge a los estudiantes en prácticas durante un tiempo que oscila entre algo más de un mes y los dos meses, en función de los créditos.

Este verano cuatro de ellos están realizando 150 horas, a razón de seis horas diarias, mientras que el quinto está haciendo un programa más amplio de 300 horas, ya que la mitad le computan como actividad extracurricular, pero el resto lo hacen como créditos de su formación curricular.

Uno de los participantes acabó la semana pasada, otros tres estarán hasta mañana viernes, y el quinto permanecerá todavía hasta fin de mes. Todos hacen un balance muy satisfactorio de su experiencia porque, según cuentan, ha supuesto entrar en contacto con la profesión y comprobar que les gusta.

Si en algo coinciden los alumnos, es que en la universidad la formación se centra en la teoría y la práctica queda de lado. Consideran por ese motivo vitales este tipo de prácticas.

Espílez indica que la jornada diaria que realizan es de seis horas y que su trabajo se adapta a las tareas que habitualmente hace un paleontólogo con el asesoramiento de los profesionales. El convenio que se firma con la universidad les da una cobertura y, además, la Fundación les entrega una pequeña ayuda económica para su estancia en Teruel. Tanto en la universidad como en la institución científica turolense tienen un tutor para evaluar su trabajo y ellos, al final, tienen que hacer un informe de su estancia.

El coordinador del programa en la Fundación explica que la gente que quiere hacer prácticas pone mucho interés en hacerlas en Teruel y busca que su universidad se implique. “Aquí viene gente muy maja, comprometida y con ganas de aprender”, indica Espílez, quien aclara que el objetivo durante su estancia es mostrar a los alumnos cómo funciona una jornada de trabajo habitual en la Fundación. En ese sentido, les apoyan en las diferentes actividades que realizan, tanto en las salidas al campo para realizar prospecciones y excavaciones, como en el laboratorio, la divulgación o la catalogación de fondos.

Como un centro de formación

“Es como un centro de formación para ellos donde sacan un rendimiento, les sirva para créditos o no, porque son muy teóricos pero no tienen experiencia y esto les sirve para tocar todos los palos”, aclara Espílez, quien reconoce que “al principio parece que tienen miedo con los materiales, pero al estar encima de ellos y ver que no pasa nada cogen confianza”.

Los estudiantes en prácticas son básicamente de Geología y Biología, aunque algún año ha habido también de Bellas Artes por el interés mostrado por algunos de ellos de aprender cómo se prepara y restaura un fósil.

Este año la especialidad de Geología ha sido la dominante, ya que cuatro de los cinco participantes en el programa estudian este grado. Algunos incluso habían participado previamente en otras actividades de la Fundación Dinópolis como el curso de la UVT sobre paleontología.

Ese es el caso de María Alegre Esteve, de 21 años, y que el próximo curso va a empezar el cuarto año de Geología en la Universidad de Zaragoza. En los dos años anteriores se matriculó en el curso de la UVT y excavó en El Castellar, a raíz de lo cual solicitó hacer prácticas de verano. “Quiero dedicarme a la paleontología”, comenta esta turolense, que asegura que desde niña visitaba Dinópolis y al ver el laboratorio al otro lado de la vitrina que recorre el público, en la rampa de acceso al museo, soñaba con estar allí aunque entonces lo veía como algo inalcanzable. Hoy en cambio ha hecho su sueño realidad.

Para María ha sido su primera experiencia en preparación de fósiles, algo que todavía no ha estudiado en la universidad puesto que se imparte durante el cuarto año. La Fundación le ha dado la oportunidad de aprender cómo se trabaja con los fósiles antes incluso de haber estudiado esta faceta profesional.

Primer contacto

Quien también es de Teruel es Jorge Gasca Vicente, de 21 años, y estudiante del grado de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Acaba de terminar tercero y ha sido su primer contacto práctico con el trabajo de un paleontólogo. Reconoce que de pequeño siempre iba a Dinópolis y que eso pudo “influir” en su elección profesional y en su interés por el patrimonio de la provincia. “Me quiero dedicar a la paleontología de vertebrados”, comenta sin dudarlo, mostrando su predilección tanto por los homínidos como por las faunas del Cretácico, periodo al que pertenecen los fósiles que está ayudando a restaurar ahora. Valora la experiencia adquirida en la Fundación y le preocupa el poco apoyo que la investigación recibe en España, por lo que teme que al final se tenga que ir al extranjero como les está pasando a otros jóvenes.

Ana Mayayo Lainez, estudiante de Geología en Zaragoza y que acaba de terminar tercero de carrera, tenía experiencia previa en el curso de la UVT y el año pasado estuvo excavando en el Cerro de Batallones en Madrid, pero la práctica de este verano ha sido especial porque ha descubierto la actividad en el laboratorio, ya que nunca había preparado fósiles y asegura que le ha fascinado.

Circe María Gómez, que estudia también Geología en la Universidad de Zaragoza, ha experimentado igualmente este año esa faceta del paleontólogo, el trabajo de laboratorio, después de haber estado haciendo prácticas en los yacimientos de Atapuerca y Batallones. En la Fundación asegura que ha aprendido “un montón”, todo aquello que no les da la teoría, además de haberse encontrado con “gente muy simpática”.

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