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«Tras cotizar 30 años es triste no tener una pensión los últimos días de tu vida» afirma Julio, enfermo terminal de cáncer

José Luis Murillo, enfermo terminal de cáncer de Monzón de 51 años, lucha por una ayuda «para hacer justicia»

Fuente: Residencia de Mayores
28 de febrero de 2018|11:25
Tiempo de lectura: 3 minutos
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«Siempre hay milagros». A ese deseo se agarra José Luis Murillo, un vecino de Monzón de 51 años diagnosticado como enfermo terminal de cáncer y que hace un desesperado llamamiento de ayuda después de que el impago de una deuda a la Seguridad Social le haya privado de recibir hasta ahora una pensión «pese a haber cotizado treinta años, cuatro meses y un día como autónomo», lamenta, como informan desde Heraldo.es

Él y su mujer sobreviven con los 400 euros que cobra ella como asistenta. «Podría coger más horas, pero no puede porque me tiene que cuidar a mi ahora por los dolores que tengo, que me obligan a tomar morfina», señala. El mes pasado la Asociación contra el Cáncer de Huesca se hizo cargo de sus gastos de luz, calefacción y teléfono y Cáritas Monzón les dio también comida.

José Luis nació en Jaca en 1966 pero se quedó huérfano y fue adoptado por unos tíos con los que vivió en Navarra hasta que con 17 años conoció a la que hoy es su mujer. Ambos se trasladaron a vivir a Monzón, donde comenzó a trabajar como pintor industrial. «Me he estrellado varias veces, pero siempre he salido adelante, he sido luchador, aunque cuando ya no te acompaña la salud es muy difícil», afirma.

En 2016 su vida comenzó a recibir duros reveses ya que sufrió dos ictus en abril y mayo y pocos meses después le detectaron un tumor de vejiga, que achaca a los productos químicos con los que siempre trabajó, y del que fue operado en marzo de 2017 en el hospital San Jorge durante 9 hora «a vida o muerte». Durante el seguimiento de la enfermedad, descubrieron que se le había extendido a la columna y ahora está recibiendo quimioterapia «con mal pronóstico a corto plazo», según el informe clínico.

A raíz de la enfermedad, y al ser autónomo, se quedó sin ingresos ya que aunque la Seguridad Social le otorgó la incapacidad laboral, le denegó cualquier prestación por culpa de una deuda de unos 12.000 euros que acumulaba por impagos de sus cuotas durante los años de la crisis, «que fue terrorífica», asegura. Una cantidad que entre intereses de demora y sanciones se ha disparado hasta los 24.000 euros. Y hasta que no consiga estar al corriente, no tendrá derecho a percibir una prestación. La única salida, según fuentes de la TGSS, sería que lograra un aplazamiento y fuera saldando la deuda con parte del importe de la pensión.

José Luis Murillo está intentando apurar sus posibilidades de recibir una prestación y actualmente, por mediación de los asistentes sociales de Monzón a los que está «muy agradecido» –al igual que al equipo de Oncología del hospital de Barbastro­­–, se está sometiendo a una valoración de su grado de discapacidad en la DGA para al menos intentar obtener una pensión no contributiva de 420 euros. No obstante, teme que el tiempo corre en su contra «porque hay un año de espera».

Entona el ‘mea culpa’ por haber acumulado la deuda durante los años que trabajó, pero aun así cree que «es triste que después de tanto tiempo cotizando no tenga derecho ni a una pensión». Asegura que por él no lucharía, «porque a mí ya me queda poco tiempo, pero me gustaría que pese a todo se hiciera justicia«.

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