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martes, 19 de junio de 2018

Una piedra cae desde una pared de 100 m de alto en Libros y atraviesa dos plantas de una casa

En la vivienda, de segunda residencia, no había nadie cuando ocurrió el suceso. El desprendimiento se produjo durante la construcción de una vía ferrata muy próxima a la localidad.

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PUBLICADO: jueves, 7 de junio de 2018

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La caída accidental de una roca de unos 50 kilos de peso sobre el tejado de una casa de veraneo en Libros –vacía en ese momento– durante las obras de instalación de una vía ferrata ha puesto de relieve el riesgo que entraña residir al pie de una montaña. La Piedra Grajera, como se conoce en el pueblo a esta pared vertical de más de 100 metros de altura, parece proteger y amenazar a partes iguales a esta localidad surgida a su abrigo que cuenta con apenas 100 vecinos censados, como informan desde Heraldo.

La roca desprendida atravesó dos de los tres pisos de la vivienda. Entró por el techo como un proyectil y cruzó el suelo que separa la segunda de la primera planta rompiendo una viga de madera y todo lo que encontró a su paso. El bloque, del tamaño aproximado de una silla, se quedó incrustado en el suelo del primer piso, donde se sitúa la cocina, bajo el cual aún está la planta baja.

Según explica el alcalde de Libros, Raúl Arana, la piedra no estaba bien sujeta, por lo que los operarios de la empresa que construía la vía ferrata hace unos 20 días decidieron soltarla y dejarla caer hasta el suelo para evitar problemas. Sin embargo, en su trayectoria, el bloque chocó con un saliente, rebotando y acabando en el techo de la casa. Arana señaló este martes que la compañía aseguradora de la entidad “se está haciendo cargo de todo y el problema ya está en vías de solución”.

“Si estoy allí, me mata”

“Si estoy allí, me mata”, señala muy afectada Josefina Domínguez, la propietaria de la casa dañada, que vive en Barcelona desde que dejara Libros cuando era una niña, pero acude a esta localidad turolense durante los meses de verano y fechas vacacionales. Relata que el pedrusco le ha hecho “grandes destrozos” en el inmueble. “Me ha roto toda la casa, las habitaciones de dormir que están arriba y la cocina, que está abajo; incluso el suelo de esta última se ha rajado”, se lamenta.

La mujer añade que la roca, debido a su peso y a la gran altura desde la que se precipitó, debió bajar a gran velocidad, ya que le ha abierto un boquete en el tejado de considerables dimensiones. Josefina Domínguez pide al Ayuntamiento que estudie la posibilidad de colocar una malla metálica de arriba a bajo en la montaña, para evitar que caigan nuevas piedras. “Me encanta ir al pueblo, pero ahora tengo mucho miedo. Este verano, si empiezan a ir escaladores por la vía ferrata, pueden caer más piedras”, advierte.

En la calle pegada a la Piedra Grajera, donde se ha construido la vía ferrata, solo hay otra casa habitada además de la de Josefina. El resto de las viviendas, según explica el alcalde, están vacías y muchas de ellas, en ruinas. El Ayuntamiento planea, de hecho, sanear la zona pensando, en gran parte, en el turismo que traerá esta recién terminada escalera de hierro que conduce hasta la cima de la montaña y que incluye un puente “tibetano” para pasar de una roca a otra. “Ya han venido escaladores que nos dicen que esta es una de las vías ferratas más atractivas de las que conocen y creemos que su utilización puede ser un buen tirón turístico para el pueblo”, subraya Arana.

En el Consistorio se ha hablado también de cubrir la pared rocosa con una red metálica, “pero es muy costoso para un Ayuntamiento con un reducido presupuesto”, destaca el alcalde. Explica que, desde siempre, los grajos, los pájaros que habitan y dan nombre a la Piedra Grajera, han hecho que a menudo caigan abajo pequeñas piedras que acaban en la calle o en los tejados, si bien puntualiza que “nunca han roto tejas”.

En el mismo sentido que el Ayuntamiento opinan algunos vecinos, como Tomás Cerro, quien cree que “ha llegado el momento” de adecentar el barrio al pie de la montaña de cara al turismo y también poner medidas de seguridad en la vía ferrata “para evitar accidentes”. Señala que, si bien no hay más que dos casas habitadas, “por las calles pasa gente y cerca está el horno donde se vende el pan a diario”. Teodoro Calvo agrega que otras Administraciones deberían ayudar al Consistorio de Libros a llevar a cabo esta actuación ante el coste de la misma. Otro vecino, Ángel Alegre, estima, sin embargo, que una malla metálica restaría encanto a la ladera “y no es precisa, porque las piedras que caen son muy pequeñas”.

La vía ferrata, ya terminada a falta solo de la señalización -ha tenido un coste de 25.000 euros- no es el único atractivo turístico que ofrece Libros y su entorno. Muy cerca se encuentran los Amanaderos de Riodeva, los Estrechos del Cuervo y los senderos de Villel, parajes, todos ellos, cada vez más valorados por los amantes de la naturaleza.

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